lunes, 17 de enero de 2011

de guarangadas

Nuestra lengua materna es el “castellano”. Pero está claro que los argentinos hablamos en “argentino”, un español algo diferente al resto del español que se habla en Latinoamérica. Claro está que los Mexicanos, también hablan Mexicano y los Chilenos, Chileno y cada uno le pone lo suyo a éste de por sí “rico” idioma de Cervantes.
Cuando salimos de casa –preocupados para que nos entiendan-, nos cuidamos de excluir de nuestro vocabulario todas las palabras del lunfardo, nuestro argot que solo tiene sentido en casa. Por supuesto que bajamos el vocabulario grosero al que estamos tan acostumbrados que ni siquiera suena mal.  Entonces tratamos –con dificultad-, de omitir “pibe”, “guacho”, “pendejo”, “gil”, mina”, “flaco”, “chabón” y  “ma que se yo” cuanto “quilombo” más de palabras. Sin olvidar el “boludo” y el “pelotudo”.
Para colmo, están las palabras de igual sonido pero con un muy diferente significado, tal es el caso de “pendejo” que en México no es “nene” sino “imbécil”. Y les aseguro que esa se te escapa fácilmente.
Pero aun así y con todos estos recaudos, no hay garantía de ser comprendidos.
Ese fue el caso que me ocurrió hace un tiempo, cuando al oír a un tipo decir un montón de palabrotas, expresé con total naturalidad que era un “guarango”. Todos me miraron…, nadie me entendió.
Me quedé pensando ¿Pero por qué no se entiende?, ¿acaso no es español?. Parece que no.
Es que “guarango” es un aromo silvestre en Colombia, Ecuador y Perú. Viene de waran-ku , una palabra llegada del quchwa (o quechua), que también significa rey del trueno.
Pero lo cierto es que tanto en Argentina, así como en Bolivia, Paraguay y Uruguay significa grosero. “Incivil” según dice la RAE. Aunque en Uruguay también significa desmañado, sin gracia, sucio o zaparrastroso
¿Pero de dónde viene ese término?.  Me di cuenta ahí que una palabra tan familiar para todos nosotros tiene un origen incierto y muy difícil de rastrear.
Ortega y Gasset estuvo tratando de buscar su origen en sus viajes a la Argentina. Abajo agrego un texto que comenta esto.
Pero parece que lo más cercano es que "guarango" era el salvaje que habla el guaraní. También lo comenta Eduardo Galeano, “parece que fue un invento de Sarmiento para referirse a los guaraníes, los paraguayos”
José Ortega y Gasset
José Ortega y Gasset nació el 9 de Mayo de 1883. Este filósofo español pasó muchos años entre nosotros, estudiándonos con detenimiento y después de largas cavilaciones nos estampó el mote que últimamente hemos vuelto a escuchar, una palabra que solíamos frecuentar en nuestra juventud, una palabra que nos endilgaban en caso de no ceder el asiento a una señora en el colectivo o cuando decíamos algo impropio frente a una persona mayor.
Era entonces cuando nos estampaban un ¡guarango!, como un cachetazo.
Con el tiempo la palabrita cayó en desuso, quizás porque fue reemplazado por términos más “cool” o acaso porque las guarangadas han invadido nuestras vidas a punto tal de no poder distinguirlas de la realidad. Todos hemos quedado sumergidos en la guarangada, tal cual lo había predicho Ortega y Gasset en 1929.
Palabra de oscuro origen, algunos estudiosos afirman que en el Perú llaman así al algarrobo. Este insulto vegetal guarda cierta similitud con el alcornoque castizo.
Sin embargo, mientras que este término implica cierta testarudez o persistencia en el pensar equivocado, el guarango tiene la insolencia del ignorante. Cabe recordar que otro español –Jacinto Benavente- nos dejó un duro acertijo, al sostener que la única palabra que se podía escribir con las mismas letras que argentino era justamente ignorante.
Ortega y Gasset viajó extensamente por nuestro país y mientras surcaba las ubérrimas planicies argentinas concibió su artículo “La Pampa… promesa.” donde nos endilga a todos los nacidos en estas tierras (y probablemente también a algunos injertados) el mote de “Guarangos”. Ortega sostenía que “el argentino típico no tiene vocación de ser, ya que él imagina ser. Vive pues entregado pero no a una realidad sino a una imagen.”
Y en efecto el argentino se está mirando siempre en la propia imaginación. Es sobremanera Narciso...”. A pesar de haber pasado casi setenta años, estas palabras duelen y mucho más les dolió a los argentinos de entonces que como Manuel Gálvez respondieron altivos a las imprecaciones del español.
Don Ortega abundó en el concepto de guarango: “El guarango tiene apetito de ser admirable, superlativo, único” (después de todo, hasta no hace mucho, afirmábamos que Dios era argentino) “Pero necesita creer en esa imagen y para poder creer tiene que obtener triunfos y si esos triunfos no llegan, duda de si mismo deplorablemente” “Y como los demás no están dispuestos a reconocerlo tomará el habito de aventajarse (la bendita viveza criolla), convencido de poseer altos destinos”.
Durante el último viaje de Ortega -mientras España se desangraba en una guerra civil- nos regaló ese “Argentino a las cosas –déjense de conflictos personales, de suspicacias y narcisismos...” Consejo al que mucho caso no le hemos hecho.
Ya en 1939 Ortega intuía que “el problema más sustantivo de la existencia argentina es su reforma moral” y 70 años más tarde podemos afirmar, que Ortega fue sin dudas el profeta de nuestra decadencia.
Saludos,
RL

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